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30 de mayo de 2012

Sin retorno

(Argentina, 2010. Miguel Cohan)

Potente thriller que versa sobre el modo en que una mentira o un acto cobarde pueden desgraciar, en el sentido más literal, la vida de un inocente. Para sujetar dicho propósito, un guión que vertebra el buen ritmo de la historia, y unas interpretaciones sobradas de talento, como no podía ser menos, con tal elenco actoral (Leonardo Sbaraglia, Federico Luppi o Bárbara Goenaga, con estupendo acento bonaerense).



10 de mayo de 2012

Medianeras

(Argentina, 2011. Gustavo Taretto)

Reflexión sobre la soledad en la gran urbe, en este caso Buenos aires, encarnada por dos jóvenes que viven en la misma manzana pero no se conocen, aunque tienen muchas cosas en común, una de ellas precisamente la necesidad de dar y recibir cariño.
Tiene escenas que pueden resultar un tanto irritantes, debido a la quietud de los movimientos de los protagonistas, especialmente el de Mariana (Pilar López de Ayala), a la que se nos muestra tomándose un café, llorando, ordenando objetos, mirando por la ventana, etc. Hay un exceso en ese sentido, pues no resulta necesario abusar de la exposición de los momentos cotidianos para transmitir el desespero, el agobio, la necesidad de liberación y el sentimiento de opresión que siente. Resulta también un tanto ingenuo que la protagonista, después de tantos años, siga empeñada en "encontrar a Wally".
Quizá si se alejaran de la ciudad un tiempo y subieran a una montaña con buenas vistas, pasaran un día al Sol, o mirando el mar mientras respiran aire puro, los protagonistas dejarían de sentirse tan encorsetados y ahogados, y podrían disfrutar un poco más de su rutina.



24 de abril de 2012

Un cuento chino

(Argentina, 2011. Sebastián Borensztein)

No es un drama y tampoco una comedia, aunque tiene elementos de ambos: por un lado, el genio de cascarrabias que le aflora de vez en cuando al (pese a las circunstancias) paciente protagonista nos dibuja una sonrisa en la cara en varios momentos de la película. Por otro, reconocemos de fondo esa angustia vital producida por un pasado amargo, del que los personajes no pueden desprenderse, y con el que se acostumbran a convivir. Pese a todo, la película tiene algo especial que la distingue, es diferente, muestra como la cotidianeidad se puede alterar por lo casual cambiándonos la existencia para siempre. Y por supuesto, el calado de la historia no sería tal sin ese grande de la interpretación que es el argentino Ricardo Darín.